Amar en los tiempos del facebook
La proliferación de las llamadas redes sociales como Facebook, MySpace o Tuenti responde a un fenómeno de frivolización de las relaciones humanas, cada vez más virtuales y cada vez menos carnales, que hace un uso demasiado generoso de las palabras "amigo", "amor", "sexo" y de la palabra "contacto", que ha perdido ya toda su carnalidad y contingencia táctil. Estas páginas, rivalizando con las pornográficas de la Red, han roto en 2008 por primera vez la hegemonía de las guarras, con Facebook y Myspace a la cabeza (Tuenti en España).Lejos de convertir el mundo en un lugar sin fronteras para el amor y la amistad, las susodichas redes están aireando nuestras intimidades: fotografías privadas, direcciones de correo electrónico, datos personales, cumpleaños y gustos propios, que navegan con imprudencia y son utilizados por empresas con afán de lucro, fines de mercadotecnia o selección de personal. Tras la ilusión inicial de reencontrase uno con su pasado y su propia historia y rodearse de personas de las que había perdido la pista -por algo será-, antiguos compañeros de colegio o familiares que viven a miles de kilómetros de distancia, las puertas de esta "amistad" ideal se abren ahora bajo cualquier excusa y la información personal se airea sin tapujos. Cada vez más uno se siente no ya como un pez que nadaba libre en la mar salada, sino como un pescado capturado en la Red.
Hacen un uso muy generoso de la palabra amistad, que, según la Real Academia de la Lengua Española, es "afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato", que internet parece decidido a frivolizar y a devaluar, entre otras cosas porque el trato virtual es ciego: no vemos a la otra persona o la vemos a través de una web-cam o de fotos, en todo caso no podemos tener un contacto (que viene de tacto) real, carnal, con ella .
Pero, ¿qué se puede esperar de estos supuestos amigos que tienen a otros doscientos cincuenta -por poner un número- en su lista? Se busca, además, tontos que somos, gente igual que uno, con los mismos intereses y gustos, lo que no resulta nada enriquecedor y sí muy endogámico para los que pensaban que la Red podría servir para abrir nuestras mentes y muchos culos obtusos.
Por algo, amigos míos, ha empezado a decirse ahora aquello de que alguien es más falso no ya que Judas, sino que un contacto del Messenger, o que uno de esos ciberamigos virtuales de cualquier Red Social como Facebook, Myspace, Tuenti o cualquiera entramado de esos que tanto pululan en la Telaraña cibernética.







